¿Qué significa ser tutor? La tutoría en el desarrollo de los niños y adolescentes – (Luzmaría Del Risco – Team Emotional MAB)

por Luzmaría Del Risco

Por muchos años se ha pensado en la tutoría como un espacio al cual niños, niñas y adolescentes acuden para reforzar ciertos temas o cursos escolares en los que pueden tener alguna dificultad. Incluso, buscamos a personas “expertas” en las áreas para que puedan resolver esas dudas de los chicos y chicas en cuanto a la materia. Pero, ¿realmente es eso lo único que se logra en un espacio de tutoría? O ¿sabemos exactamente lo que implica ser tutor de un niño, niña o adolescente?

Definitivamente debemos tener en cuenta que tanto la educación, como los espacios en los que se imparte fuera de los colegios, han ido variando con el tiempo. Entonces, a partir de eso podemos pensar que en estos espacios se genera, refuerza y aprende algo que va más allá de lo planteado por el currículo que cada estudiante siga. La tutoría no es sólo un espacio que puede comprender contenidos académicos, sino que también puede abarcar contenidos emocionales, de manera que se crea una oportunidad de crecimiento personal para los involucrados. Por lo tanto, lo que podemos valorar ahora no solo se trata de la materia que se impartirá, sino de todo aquello que se generará entre estas dos personas que se relacionarán en un espacio determinado.

A partir de esto, al hablar de la tutoría podríamos referirnos a un espacio en el que tanto el tutor como el tutorado crean una relación particular que definitivamente influirá en ambos. El “experto” en una materia le enseñará al estudiante, pero también recibirá y construirá conocimiento en función de la interacción que pueda darse. En este sentido, ya no estaríamos viendo al estudiante como la persona que únicamente recibirá conocimiento, sino que le damos el poder, dentro de ese vínculo, de construir y generar aprendizajes tanto para él como para su tutor.

Entonces, podríamos preguntarnos ¿quién es la persona más indicada para ser tutor? Y lo cierto es que no hay una respuesta concreta a esta pregunta. Un tutor “bueno” o “el tutor indicado” será la persona que pueda conectar con ese estudiante. Un tutor ideal no es entonces quien más sabe del tema o la persona con más experiencia. Más bien, será esa persona capaz de ofrecer un espacio en el cual el tutorado se sienta reconocido y validado en cuanto a sus particularidades, donde pueda equivocarse y corregirse, pero, sobre todo, donde se sienta cómodo para expresarse. Un espacio de tutoría, en este sentido, busca que los chicos y chicas puedan ensayar situaciones sociales, aprender tanto de la interacción como de los contenidos que vean, sentirse seguros, acompañados y a partir de ello, generar un vínculo que no puede igualarse a ningún otro. El vínculo que se genera con tutor no es el mismo que con un hermano, un padre, un tío o un amigo netamente. El tutor o tutora será una persona que cree un lazo distinto y lleno de complicidad con su tutorado, en el cual se permita el intercambio de conocimientos y además se le de espacio a las emociones y todo lo que pueda surgir por ambas partes.

Con todo esto, puede quedar más que claro que una tutoría puede llegar mucho más lejos de lo que uno podría pensar. Incluso podremos darnos cuenta que así sea un espacio virtual o físico, el objetivo siempre será valorar el vínculo y las emociones que surjan durante el aprendizaje, porque son estas las que definirán muchas veces si es que uno logra captar o no la información de la que se habla. Este espacio puede otorgar muchos beneficios a la vida de las personas que se involucren en él, porque no solo aprendemos materias, sino que nos da la oportunidad de crear y ensayar un vínculo diferente que luego nos permitirá desenvolvernos y tener más estrategias para afrontar diversas situaciones en la vida.

Finalmente, puedo reformular la pregunta para que esta sea: ¿quién es el mejor tutor para mi hijo, hija, sobrino, etc.? y luego responderla con que cada persona es un mundo muy distinto y único y por eso, al buscar un tutor o tutora no debemos fijarnos solamente en sus capacidades (a pesar de ser estas muy importantes). Debemos entender que lo que se formará será un vínculo o relación entre dos personas y por ello, la compatibilidad entre un tutor y un tutorado podrá ser medida únicamente por eso. Si no existe un vínculo sano y óptimo, entonces el aprendizaje será una misión muy complicada e incluso imposible o poco duradera. Si realmente queremos que los chicos y chicas puedan tener un espacio que les brinde algo más que buenas notas, debemos entender el espacio desde una nueva perspectiva, mucho más global y holística, integrando siempre el aspecto emocional en ella.

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