¿La “nueva” educación a distancia, o un “nuevo comienzo”? Eso lo eliges tú. (Macarena Arribas- Fundadora de MAB)

por Macarena Arribas

Por fin me puedo sentar a hablar sobre este tema tan importante y relevante hoy por hoy: la nueva educación a distancia. El Coronavirus ha obligado a la humanidad a cambiar la forma de educar radicalmente. De la noche a la mañana, las entidades educativas y los educadores se vieron enfrentados a la nueva realidad: educar online. Colegios públicos y privados girando la educación hacia lo virtual: clases por Zoom, tareas vía un blackboard (o similar), exámenes online, entre otros. Todos corriendo y haciendo su mejor esfuerzo en el proceso. De hecho, considero que el MINEDU ha hecho un trabajo ejemplar con Aprendo en Casa, tratando de llevar educación a toda la población en etapa escolar, a través de la radio, TV, web y tabletas.

Ya sabíamos que el mundo virtual nos estaba esperando, pero posiblemente no pensamos que sería tan pronto.  Se nos vino como una avalancha encima y cada uno ha salido adelante como ha podido (lo cual aplaudo). Sin embargo, creo que estamos repitiendo los mismos errores educativos del pasado: traspasar el currículo tal cual a online. Sin cambiar nada más. Entonces, tenemos clases (larguísimas) por Zoom, donde está el mismo profesor con 30 niños “conectados” (en verdad no siempre están conectados y solo dejan la sesión abierta porque claramente se aburren). Tenemos las mismas tareas y los mismos ejercicios que han estado planeados hace meses (o años) por la entidad educativa. Los mismos exámenes. Los mismos métodos. Los mismos materiales.

Y yo me pregunto, ¿acaso el mundo no ha cambiado? Pues sí: estamos viviendo una pandemia mundial. ¿Acaso no estamos viviendo distinto que antes? Pues sí: estamos encerrados en nuestras casas. ¿Acaso la forma de convivencia familiar no ha cambiado? Pues sí: estamos las 24/7 con nuestras familias. Entonces: ¿por qué estamos educando de la misma forma? (Como que la educación siempre se queda igual… ¿No?)

Pretender que los niños aprendan los mismos cursos que fueron planeados antes de la pandemia, sentados frente a una laptop muchísimas horas al día, con el mismo, o mayor, estrés escolar… ¿Es realmente lo más acertado?

Justo ayer leía un artículo de León Trahtemberg, donde hablaba acerca de la inteligencia analítica (“la que se pone en juego en las clases teóricas y exámenes escolares) y acerca de la “otra” inteligencia, “la práctica”. Y creo que dio en el clavo. ¿Acaso esta pandemia no ha puesto en evidencia que lo académico no es lo único ni lo más importante? Acá todos estamos encerrados: ricos, pobres, matemáticos y abogados. Estamos frente a un virus que nos agarra a todos. Y entonces, estamos en un escenario donde todos tenemos que aprender a sobrevivir. No importa qué tan hábil seas en matemáticas, o historia, o ciencias… sin creatividad, estás muerto. Sin trabajo en equipo, estás muerto. Sin tolerancia y respeto, estás muerto. Sin adaptación la cambio… Muerto.

¿No será entonces que la educación debe por fin girar hacia un camino mucho más emocional y humano? Pero no. Lo único que muchos han hecho es poner el mismo sílabo por Zoom. ¿Y el estado emocional de los chicos? ¿Y el nuevo contexto? ¿Y si mamá y papá trabajan? ¿Y si no tienes computadora? ¿Y si los estudiantes están estresados, con ansiedad, y al borde de tener depresión? ¿Y si los chicos necesitan ayudar en casa… cocinando, lavando, ordenando, etc? ¿Y si sólo hay una computadora en casa y mamá la necesita para trabajar?

Pretender que todo sigue igual es ilógico. Porque las cosas no están iguales, señores. Las cosas han cambiado. Los niños están encerrados. Los niños están aburridos. Los niños no siempre entienden al profesor en Zoom con 30 otros estudiantes. Los niños están confundidos.

Los niños están en un momento histórico de la humanidad donde deben aprender otras habilidades y no solo las académicas típicas que aprendemos hace cientos de años. El enfoque no puede ser el mismo, porque es caer en el constante error de la educación tradicional: tratar a todos de forma masiva, enseñando a todos lo mismo y de la misma forma. Los chicos ahorita deberían estar reforzando sus habilidades humanas: la motivación, el trabajo en equipo, la tolerancia, el respeto… LA CREATIVIDAD.

Entonces, en este contexto: ¿De qué les sirve la inteligencia analítica si no tienen adaptación al cambio? ¿De qué les sirve la inteligencia analítica si no saben ayudar en casa? ¿De qué les sirve la inteligencia analítica si no pueden trabajar en equipo?

No digo que no hagan matemáticas, pero quizá aterrizar la teoría a lo que nos está pasando ahorita. No digo que no enseñen geografía, pero llevándola a este nuevo contexto, vinculándola con lo que estamos viviendo. Lo mismo con comunicación y demás cursos. Pero, además, ¿qué tal si les pedimos a los chicos, como parte de nuestra “malla curricular” que aprendan a cocinar, que laven, que ayuden en la casa, que hagan algo por otro miembro de la familia?  ¿Qué tal si creamos espacio de conversación por Zoom, y no solo de álgebra? Así podríamos crear espacios de reflexión y de conexión humana. ¿Qué tal si creamos plataformas que se adapten al estilo de aprendizaje de cada estudiante y que traten también temas emocionales?

¿Qué tal si vemos esta pandemia como un catalizador para girar la educación? Para así hacerla (por fin) más humana. Para que sea un momento de introspección, donde los chicos se aprendan a conocer a profundidad, descubrir sus pasiones, estar motivados. Imagínense un curso de creatividad donde les pidamos a los chicos que creen algún producto o servicio por el cual sientan mucho interés. Y ahí le metemos matemáticas, ciencias, historia y geografía. Qué tal si hacemos ejercicios donde los chicos apliquen sus habilidades blandas y no solamente su conocimiento matemático o científico. O si les pedimos que hagan investigaciones acerca de cosas que los motiven.

Esta pandemia es una gran oportunidad para cambiar. Para crecer. Para evolucionar como humanidad. No sigamos encerrados en lo mismo. Los niños tienen toda una vida por delante para aprender matemáticas, ciencias, geografía, historia… pero no toda la vida para vivir lo que estamos viviendo. Cambiemos el chip. Y si se “atrasaron académicamente en el año escolar”, pues se atrasaron y punto. Pero crecieron como seres humanos. ¿No les parece fascinante la oportunidad única que la vida nos está dando? 

Finalmente, es importante entender que este cambio de chip no solo está a cargo de las entidades educativas sino también de las familias. Todos estamos involucrados. Todos. De hecho, es el momento en el cual las familias están más involucradas que NUNCA en la educación de los niños. Sería una pena pasar toda esta pandemia… y estar igual que antes. Como en Francia… donde se terminó la cuarentena y la gente corrió a Zara aglomerándose como hormigas. ¿Queremos lo mismo para nuestros niños? ¿Qué todo esto no haya servido para nada? Pues si seguimos así, seguirán siendo parte de una manada, viviendo en automático y dejando de lado lo que nos hace únicos como especie: nuestra inteligencia emocional.

Cambiemos el chip, abramos los ojos y aprovechemos esta fascinante oportunidad que la vida le está dando a la educación del Perú y del mundo. Y para todos los educadores que están trabajando día tras día para lograr una educación más emocional y humana: todo mi respeto y admiración. Sigamos trabajando para educar para la vida. ¿Estamos listos para un nuevo comienzo? Eso lo eliges tú.

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