El juego y su importancia para los niños (Paula Lascuraín-Team Emotional MAB)

Jugar es una actividad instintiva e imprescindible en los seres humanos. Exploramos y aprendemos sobre el mundo y la vida; facilita y beneficia nuestro desarrollo a todo nivel.

Si bien este hecho es innato y algo que podría parecer que no requiere de mayor atención, también está la preocupación al conocer su vital importancia y sentirnos limitados, o sin saber cómo contribuir, especialmente en un escenario como el de hoy…

“Están todo el tiempo encerrados sin nada que hacer.”

“Todo el día ven TV o juegan con la Tablet, Play, Compu, etc…”

“Si no socializa… ¿cómo aprenderá a compartir e interactuar bien?”

“Tiene demasiados juguetes y no le hace caso a ninguno.”

“Se aburre muy rápido.”

Estas son algunas de las muchas frases oídas entorno al juego y que inquietan a muchos papás, familiares y cuidadores.

El primer contacto con tu bebé, la exposición al entorno, la ayuda en el despertar de sus sentidos, será de los primeros grandes juegos que le puedes regalar. No habrá juguete en el mundo que reemplace las caricias, miradas, risas, arrullos, canciones y emociones que se generan en la interacción humana.

Otro de los primeros grandes acercamientos hacia el juego, en el principio de la vida, se iniciará al descubrir su propio cuerpo, sus movimientos, sus manos, su boca, sus sonidos y todo lo que este le permite. Es con estas “herramientas” que empezará a conocer de a pocos cómo funciona el mundo.

En las cosas cotidianas y más sencillas hay mucho de lo que aprender. Jugar, se trata de incentivar su curiosidad y de motivarlos en ese camino para que sigan descubriendo; y si además el camino es divertido, cada experiencia será inolvidable. La memoria funciona mejor cuando está ligada a emociones y qué mejor que buscar las positivas. De ahí la frase “aprende jugando”.

La televisión y los aparatos tecnológicos, hoy en día nos rodean y parecen imposibles de evitar. Facilitan la vida, entretienen y captan su entera atención sin duda. Sin embargo, la razón por la que no se recomiendan, en los primeros años de la vida al menos, es porque el cerebro de los pequeños realiza miles de conexiones neuronales a la vez, más que en cualquier otro momento de la vida, absorbiendo así, todo lo que el mundo tiene para ofrecerles. Entonces, exponerlos a una sobre estimulación de pantallas puede interferir en el desarrollo de su atención. Donde una vez acostumbrados a ellos, otros estímulos del mundo más lentos como libros, juegos tranquilos, amigos y tareas, pueden perder su atractivo, pues no superan la velocidad e interés que les generaban los otros. Esto no quiere decir que somos malos padres si les permitimos usarlos; el mundo de hoy se ha virtualizado y todos somos parte de ello. Eso sí, para un óptimo desarrollo debemos balancear, estar al tanto de lo que observan, ofrecerles posibilidades de aprendizaje a través de ellos y siempre complementar con otras actividades ricas de experiencia sensorial y que les brinden recursos y herramientas. Las que les permitirán desenvolverse mejor a futuro y por ello deberían primar.

Con el juego se despierta nuestra imaginación, creatividad ¡y viceversa! Con imaginación y creatividad TODO, puede volverse un juego. Se trata de ver algo nuevo en lo cotidiano, algo diferente y divertido por hacer estemos donde estemos. Y, lo más emocionante es que, como adultos, somos muchas veces responsables y a la vez espectadores de las reacciones y emociones de descubrir algo por primera vez. Momentos que enriquecen, unen y a la vez contribuyen en su inteligencia.

Por otro lado, recordemos el valor de permitir que se aburran, para que experimenten la posibilidad de lograr entretenerse por sí mismos y crear. En este sentido, debemos tener en cuenta que el exceso de juguetes puede generar justo el efecto contrario. Quitándole así, interés a cosas más relevantes, buscando y esperando siempre más de afuera y menos de adentro. Es por ello, que el mundo de un niño no tiene por qué estar invadido de montones de juguetes, los últimos o los mejores. Tiene que estar rodeado de personas, grandes y pequeñas que quieran jugar con ellos, creando y despertando todo lo increíble que puede surgir de esta experiencia.

Jugar es una vivencia sumamente enriquecedora que permite fortalecer el vínculo entre los participantes y donde los más pequeños, en especial, se desarrollan de manera íntegra, saludable y feliz. Es un derecho.

Jugar es el ensayo previo a la vida real, es la recreación del mundo que desearíamos, hagámoslo de la mejor manera y aprovechemos cada uno de estos momentos para contribuir en el desarrollo de mejores personas.

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