¿Cuál es el rol de las emociones en el aprendizaje? (Mabe Luque – Emotional MAB)

por Mabe Luque

Existen muchas variables que influyen en el aprendizaje, pero son las emociones las que determinan gran parte del proceso. Gracias al boom de la inteligencia emocional vemos que sí y cada vez son más las personas que son conscientes de ello. La pregunta que surge es: ¿Por qué?

Imagina que estás en un cuarto amplio, hay varias carpetas, tienes algunos útiles para escribir, un cuaderno y, con suerte, una laptop. Te entregan un libro de matemática financiera y te dicen que en unas semanas se te evaluará para verificar si comprendiste o no el contenido del libro.

¿Cuál es el pensamiento que inmediatamente te invade? Este pensamiento es el que va a determinar cómo te sientes y, por ende, cómo vas a afrontar la situación.

Ahora estás en una sala, sentad@ en un sillón. Se acerca una persona, te ofrece algo de comer y te dice que en estas semanas aprenderás acerca de matemática financiera. Te entrega una laptop con videos y resúmenes que explican la materia, fichas de ejercicios, un libro con el contenido necesario, un cuaderno para escribir apuntes y te dice dónde puedes encontrar ayuda si es que la necesitas.

¿Qué piensas ahora?

Resulta que las emociones están presentes en muchos procesos cognitivos, por lo que afectan desde cómo nos aproximamos a la tarea hasta cómo codificamos la información y la almacenamos en la memoria. Precisamente, en este momento estamos atravesando una situación en la que resulta inevitable ver la realidad detrás de una clase. “Estoy aburrido, ¿ya va a acabar?”, “¡Esta es mi clase favorita, no me distraigan!”, “¡Esto es muy difícil!, creo que no lo entenderé nunca”. Y es que, más allá de la evidencia neurológica, tenemos evidencia de primera mano de lo importante que es el sentimiento de la persona a la hora de aprender.

Entonces, ¿qué emociones sentir para aprender mejor? Parece una pregunta obvia, pero es necesario aclarar algunos datos. Para empezar, la emoción es generada como respuesta ante un estímulo. Todas las emociones cumplen una función adaptativa en la vida. Desde la alegría hasta el miedo o la tristeza. Algunas de ellas funcionan para un tipo de tarea, por ejemplo, no podríamos sobrevivir si no sintiéramos miedo ante situaciones como cruzar la calle o al caminar por una calle a oscuras. También son claves en los procesos de motivación, ya que van a determinar si uno busca aproximarse hacia algo o si, por el contrario, lo rechaza. Todas son necesarias, por lo que no podemos calificarlas como buenas o malas.

Sin embargo, se catalogan las emociones como positivas cuando se trata de sentimientos agradables y, por ende, favorecen el proceso de aprendizaje; mientras que se denominan como negativas aquellas que se sienten desagradables y generan una respuesta de rechazo, huída o bloqueo.

Desde una perspectiva neurológica, la amígdala y el hipocampo son las dos áreas del cerebro más importantes a la hora de aprender. Estas estimulan la actividad de las redes neuronales, reforzando así conexiones sinápticas. En otras palabras, fomentan la creación de nuevos caminos, incorporando nueva información y, de esta manera, facilitar el proceso de aprendizaje. Pero la creación de este nuevo camino depende siempre de la emoción experimentada al momento de recibir la información. Las emociones positivas son las que promueven la consolidación del aprendizaje, mientras que las negativas hacen que la conexión sea más lenta y, por ende, comprender se vuelve más complicado. Sucede lo mismo con la memoria, ya que el camino para recuperar información, que ya ha sido almacenada, se ve facilitado por emociones positivas.

En la práctica se utilizan distintas estrategias para aprender a regular las emociones y así utilizarlas en beneficio propio. Es en este contexto en el que la inteligencia emocional se lleva gran parte de los premios. Saber cómo relacionarse con las emociones, comprenderlas y gestionarlas, es una parte fundamental de este proceso. Para ello, es necesario saber reconocer la emoción y aceptarla. Puede ser a través de la práctica de atención plena (mindfulness), de llevar un diario (journaling), de llevar un proceso terapéutico, entre otros. Asimismo, incluir actividades basadas en la mentalidad de crecimiento (growth mindset), la motivación hacia la tarea o en el entrenamiento en habilidades para la vida, promueven una mayor flexibilidad. De esa manera, uno puede cambiar la forma en la que percibe las distintas situaciones que pueda atravesar.

Una óptima gestión de emociones marca la diferencia entre encontrar una situación compleja como un reto, o, por el contrario, como una amenaza. Cuando uno conoce sus recursos, si los sabe utilizar, si se cree capaz de lograrlo, si el ambiente en el que se encuentra promueve emociones positivas, toda dificultad se convierte en una oportunidad.

Nuestro reto es encontrar la manera en la que los estudiantes cumplan sus objetivos a través de una mejor relación con el aprendizaje. Que aprendan a perder tanto como a ganar, comprendiendo que equivocarse es parte importante del proceso. Formemos personas capaces y felices. Porque las capacidades son importantes, pero sin trabajo emocional, solo se quedan en buen potencial.September 22, 2020

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